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miércoles, 8 de junio de 2011

La pirámide trófica

Contemplando los trabajos sobre el medio ambiente que han realizado algunos alumnos de primaria para exponer en el departamento, mis ojos se han fijado concretamente en uno de ellos.

Es un cartel realizado en cartulina, de letra torpe y dibujo tosco. En ella los párvulos han trazado una pirámide de la cadena alimenticia. Simplemente genial.
En la base de la pirámide aparecen las plantas o vegetales, para encontrar sobre éstas los animales, y superpuestos a estos, los humanos.

Curiosamente la cúspide de la pirámide se halla coronada por una figura de un ser deformado, deprimente, al cuál le falta un brazo y está pintado de color plomizo. El hecho de que le falte un miembro nos comunica que este individuo es un cadáver, simplemente se trata de un detalle muy locuaz, como dije con anterioridad y valga la redundancia, simplemente genial. Los alumnos han escrito en un costado su definición: zombies.

Me he parado a pensar que es lo que ha llevado a los niños de esta clase de educación primaria a usar la lógica para llegar a la conclusión de que los muertos vivientes comen hombres. Quizás la culpa de todo esto la tenga una serie de televisión que nos aterra en las noches del canal de los amigos de Zapatero, o bien la difusión de ciertos videojuegos que el cine ha adoptado con maestría en su pretensión de recrear una partida en la pantalla gigante.

Es curioso y a la vez aterrador. Ocurrente y a la vez de una lógica enfermiza.
“Sólo son niños” pienso. Pero este pensamiento me taladra la cabeza una y otra vez, y me hace recapacitar sobre si nuestros hijos (no es mi caso) ven lo que tienen que ver en la televisión o si estarán enganchados a los videojuegos.

No me hubiera extrañado en absoluto que en vez de “zombies” hubieran escrito “políticos o banqueros”. En ese caso la lógica hubiera funcionado estupendamente, pero me hubiera sugerido un certero pavor, aunque menos impactante que el descrito.



"Siento la calidad de la foto".

lunes, 6 de junio de 2011

La gallina ha dicho basta ¡Viva la revolución! [La gallina ha dit que no, Visca la Revolució!]

Es la primera vez que cuelgo un vídeo en el blog. Disfrutar de la canción, va acorde con el momento. Está subtitulada, pues está cantada en catalán.




Remedio contra el mal de muelas

Muchos de nosostros ha vivido en primera persona el mal de muelas… ese insoportable dolor del que ya en su momento publiqué un fragmento de un libro donde se podía leer la solución que daban los romanos a este tormentoso mal. Mi trabajo, en ocasiones, me lleva a consultar obras de dudosa procedencia, o de dudosa autoría, llegando a la conclusión de que siempre han existido cachondos mentales, sea en épocas prósperas o en épocas de crisis. Haciendo un paréntesis a mis últimos artículos quiero reproducir un remedio contra el dolor de muelas que he encontrado en un curioso librito. Está escrito en catalán macarrónico, por lo cuál me he tomado la libertad de traducirlo, para que aquellos que me leen más allá del Mediterráneo o el Atlántico puedan disfrutarlo en todo su contenido. Dice así:


A fuerza de probar, un francés de Francia, discípulo de Mister Hume, ha encontrado un remedio infalible para curarse el mal de muelas. Cualquiera que lo tenga, no tiene que hacer más que ponerse una cabeza de ajos en la boca, ir a un horno de pan, cuando éste se está cociendo, y meter la cabeza dentro justo un cuarto. Una vez esté cocida la cabeza de ajos se escupe y ya se habrá pasado todo el dolor.


"¡Increíble! Con una cabeza de ajos pondremos fin a nuestro infernal dolor de muelas".

*Para ver el post "Dolor de muelas romano" pinchar en la pestaña "Historia".

viernes, 3 de junio de 2011

Yo también vivo en la Moncloa

Cuando me quedo a dormir en casa de mi hermano me toca la cama del niño, la cuál cosa se agradece ante la incomodidad del sofá. No sé el porqué, pero descansar en aquel dormitorio es como palpar en el pasado, y lo que es inevitable, recuerdo todo lo que sueño, como si un aura de ternura pendiera en aquella habitación, como una red de afecto y paternidad.

No me cuesta mucho cerrar los ojos en un lugar donde abundan los juguetes y los peluches, desde la nave espacial de Lego al horripilante Bob Esponja, el delfín de tela o el monito de ojos saltones. De las paredes, de tonalidad rosa palo, cuelga un póster de Leo Messi y otro de Rafa Nadal. El despertador, de incesante tic tac, está ornamentado con el escudo del Barça. Sobre las estanterías se apilan libros escolares, otros de aventuras interactivos (con juegos, olores, y adivinanzas), así como cómics (nuestros tebeos) y álbumes de fútbol. Sobre la mesita, una lámpara reproduce el mundo de Cars y un puñado de tazos de Gormiti se exhiben desparramados como abandonados al azar. Las sábanas están moteadas con decenas de omnipresentes Mickeys, y la manta de lana, bordada a mano es de color, como no, blau-grana.

Como decía, en aquel mundo de los sueños, el mundo onírico de un servidor se desarrolla con dinamismo, y recuerdo con un solo chasquido aquello que me atormentó o me entretuvo durante toda la noche.

Yo también vivo en la Moncloa. Desde el primer día varios banqueros portaban maletines repletos de billetes de 500 euros en un afán de satisfacerme. Luego una populosa caterva de aduladores, pelotas y rastreros hacían acto de presencia.

Desde un principio les dejé claro mis ideas. No existe suficiente dinero en este miserable país para comprar la decisión del pueblo, “somos personas, no productos del mercado”.

Deseaba rescatar del olvido a aquellos que generan riqueza, a aquellos que hacen posible que todo funcione pero que son ignorados y relegados, “son anónimos, pero sin ellos nada de esto existiría, pues nosotros movemos el mundo”, ellos dedican parte del tiempo, de su vida... esto se tiene que compensar y han de saber de sus necesidades.

El pueblo me reclamaba: “La democracia parte del pueblo así que el gobierno debe ser del pueblo. Sin embargo, en este país la mayor parte de la clase política ni siquiera nos escucha”.

Es claro, ellos, los políticos, viven de la partidocracia, de las redes de clientelismo político, de la dedocracia, de los favores... del ataque mutuo, ya falto de ideas, de fundamentos, de ética... lo bueno lo hago yo, lo malo lo haces tú... yo tengo la solución, tú no tienes ni idea (todavía repercute en mi cabeza el cero patatero). Ya es hora de limpiar estas telarañas de corrupción, caciquismo y burocracia. ¿Pero es posible una democracia sin partidos políticos? ¿Es posible una democracia sin políticos que nos representen? ¿Represento yo sinceramente a aquellos que me han votado?

El sueño se difuminaba en quimera, escenas de gentes manifestándose en la calle martirizaban mi cabeza, como un martillo golpeando el yunque y forjando el futuro (“El actual funcionamiento de nuestro sistema económico y gubernamental no atiende a estas prioridades y es un obstáculo para el progreso de la humanidad”)... amartillaba incesante, clamando por los derechos de un pueblo ávido de venganza social que sólo demandaba sus derechos (“derecho a la vivienda, al trabajo, a la cultura, a la salud, a la educación, a la participación política, al libre desarrollo personal, y derecho al consumo de los bienes necesarios para una vida sana y feliz”).

La lluvia aporrea la ventana en un ruido sordo, las gotitas se deslizan por el cristal hasta morir en el marco inferior. Abro los ojos y vuelvo a la realidad. Me aproximo al ventanal y contemplo las nubes amenazantes, entre grisáceas y azuladas, abrumando los verdes pinos. El frío se cuela por entre las rendijas de la madera y eriza el vello de mis brazos. Me veo reflejado en el vidrio, como una ilusión. "Somos personas normales y corrientes. Somos como tú: gente que se levanta por las mañanas para estudiar, para trabajar o para buscar trabajo, gente que tiene familia y amigos. Gente que trabaja duro todos los días para vivir y dar un futuro mejor a los que nos rodean".

Un calendario, con un gracioso felino jugando con un ovillo de lana rojo, queda entonces situado a mi derecha. Es 15 de marzo.



"La lluvia aporrea la ventana en un ruido sordo, las gotitas se deslizan por el cristal hasta morir en el marco inferior".

jueves, 2 de junio de 2011

Las noticias de la mañana

Hoy me he levantado a las 6.30, como casi todos los días, pues es la hora perfecta para acudir al trabajo evitando la cola kilométrica del atasco, que se extiende como un gusano metálico de patitas rojas a lo largo del camino de asfalto. Amanece en el horizonte, a mi espalda. El sol aparece como una bola de fuego molesta, como la lamparilla de la mesita de noche, que al encenderla estalla en un fogonazo en la oscuridad de la habitación.

Conduzco por inercia. La vista al frente, somnolienta, el coche asemeja conocer el sendero que me lleva a la esclavitud capitalista. Sintonizo la radio buscando un canal de noticias. Siempre se agradece conocer que nos deparará el futuro más inmediato. La proximidad de la colina hace carraspear las voces más allá de la sintonía que nos advierte de la eminente lectura de las noticias del nuevo día.

Las nuevas no tienen desperdicio.

Anuncian las medidas de la derecha para cuando aborden las instituciones, voraces de auditorías para saber como han dejado las cuentas esos rojos despilfarradores (“el ladrón cree que todo son de su condición”).

Siguen hablando de los pepinos y sobre la organización en Andalucía de “gazpacho gratis para todos”, para demostrar la inocuidad de las hortalizas autóctonas (estupendo).

Más escalofriantes son los datos de la venta de material bélico que España efectuó en Libia durante el año 2010, alcanzando la cifra de 11 millones de euros. Ahora la OTAN se encarga de destruir toda esta inversión de un régimen acosado por la Revolución. Ya hace tiempo que no se habla de Libia en la televisión, siento curiosidad de cómo irán las cosas por allí, deben seguir todo igual. Como párvulo recuerdo la bandera de Libia como aquella bandera totalmente verde, me gustaba pintarla, era tan fácil, tan sencilla,... el verde simboliza el Islam, de ahí ese único color de la revolución verde socialista. Monarquía, revolución, dictadura, revolución... la pescadilla que se muerde la cola ilumina mi mente.

Las mañanas son traicioneras. Escuchas las noticias, y al volante, tu imaginación se desarrolla de una manera surrealista y absurda.

Es una mañana fría, poco habitual en junio, la temperatura exterior ronda los 10 grados. Tuve que rescatar la chaquetilla negra del armario, y el parabrisas se empaña con facilidad. Activo la calefacción (en junio) y evoco en mi cabeza el refrán de: “hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo”.

Es cierto, las mañanas son traicioneras para un cerebro que todavía se despereza en la cabeza, que se agita en la conducción matutina, habilidad que uno ejecuta como un autómata, sin necesidad de pensar (harto peligroso). La voz de Mariano me despierta de ese letargo en el que me hallaba sumido, el segundo sueño lo llamo yo. La radio escupe su voz gutural y habla como un político, es decir, dice muchas palabras interconectadas para definir algo que no dice como tal. Joder Martial, con esta oración te has lucido.
No usa el término auditoría. En su lugar, emplea una maremágnum de expresiones que quieren decir eso, sí, claro, hay que guardar las distancias, que cada uno haga su interpretación. Escuchar a los políticos es como leer la Biblia, cada uno realiza una interpretación de lo que dicen, si bien ellos saben, dentro de su ambigüedad innata, lo que quieren decir. Mamones.

Ya estoy llegando a mi destino. En los últimos dos minutos sintonizo una canción. Mi mente se relaja. Aparco. Y me dispongo a tomar un café. Buenos días.




"Conduzco por inercia. La vista al frente, somnolienta, el coche asemeja conocer el sendero que me lleva a la esclavitud capitalista".