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viernes, 14 de mayo de 2010

El desayuno




Un deslumbrante resplandor sobre aquella superficie de sucedáneo de la madera, el inevitable aroma a café, su deliciosa sapidez, la caja tonta emitiendo las manipuladas noticias, el murmullo de los clientes insatisfechos, la pareja madurita que habla de cuestiones triviales (¿será el uniforme?), el chaval enganchado al tragaperras, el ruido de platos y tazas al ser colocadas sobre la cafetera, el acento argentino de la dependienta al cobrarme, el estrépito de las monedas al caer por accidente sobre la báscula… otra mañana, otro día por delante.

jueves, 13 de mayo de 2010

Sala de espera



Percibo el silbido del oxígeno al ser inhalado y al desprenderse de la mascarilla, la tos quejumbrosa del arrepentido fumador, o no, la auxiliar portando el carrito repleto de artilugios de tortura, el típico tufillo purificante que parece embadurnar esos azulejos opalinos, espero mi turno, no por favor ¿esto es un matadero o un hospital? Escucho los pasos sobre el pavimento como soldados que marchan al patíbulo, chirría la puerta, le toca al párvulo, lo sé, no a mí, todavía no, una voz gutural, una voz en off, me resulta familiar lo que dice, mi nombre y apellidos.

martes, 27 de abril de 2010

Historias reales- El Arco Azul


8 de noviembre de 1999

Ayer estuve en el Arco Azul. Es uno de esos bares cutres del centro de Palma. Barra larga y sucia, mesas esparcidas anárquicamente en un vasto salón de paredes agrietadas y un habitáculo al fondo, tenebroso, utilizado como almacén e intersticio hacia los servicios… denigrantes, iluminados con una luz tenue y cremosa.
Me sirvieron un carajillo. La gracia radica en que no lo pedí. Repliqué constantemente: “una cerveza, una cerveza”. Oídos sordos. El barman, un viejo seboso de pelo vedijudo, cuyo rostro deformaba una sonrisa acogedora de amarillentos y carcomidos dientes.
A. y yo en la barra. El resto en mesas, tres borrachos y una vieja, observando todos un televisor nuevecito donde se proyectaba una secuela de Godzilla, un film de serie B o Z, que dejaba ensimismados a los parroquianos, que con vaso de tubo en mano se les calentaba licor o cerveza.
Íbamos intercalando la bebida, nuestra conversación política, algunas expresiones sobre el bar o atisbando de reojo película tan interesante en el género. Lagartos kilométricos devorando gente, lanzando coches por los aires, aplastando edificios… en fin, una joya. Bichos escupiendo fuego y rayos, amargándole la vida al ejército más poderoso de la Tierra. Sólo las criaturas arribadas del espacio exterior o que medran tras explosiones nucleares son capaces de vencer a las huestes yanquis.
Pagamos (¡260 pesetas!) y nos fuimos tras intercambiar palabras afectuosas (un brandy ayuda) con un dueño que buscaba clientela.
“Mañana a lo mejor es más caro o más barato, según nos levantemos” dijo.

*No busquéis el Arco Azul, hace ya una década que dejó de existir. Ya forma parte de esos bares como el Español o el Atlántico que desaparecieron para siempre, dejando un vacío difícil de concebir en nuestra ciudad.