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martes, 2 de noviembre de 2010

El pan de los muertos

[dedicado a Aprendiz de panadera]


Una tradición, que realmente se ha perdido en Mallorca, pero que se mantiene en algunos pueblos castellanos, es la de la ofrenda de pan en los funerales o aniversarios fúnebres.

Este rito social, ya desaparecido, estuvo en boga en el Medioevo y principios de la Modernidad. La costumbre de repartir pan a los pobres y necesitados sobre la tumba de los difuntos se documenta en varios testamentos a lo largo de los siglos XIII y XVI. El difunto pide en su testamento a sus herederos, que en cada aniversario de su muerte o día de los difuntos, se coloque un cirio y un pan o cesta con panes sobre su tumba, y que tras el oficio, este se reparta entre la gente necesitada.

Existía también el denominado pan de los difuntos y el pan bendito, aunque se desconoce su semejanza. Este pan bendito se repartía durante todos los domingos entre la sacristía y el portal de la Almoina (ubicado junto a la Catedral en la casa del mismo nombre). El día de la resurrección era sustituido por obleas.

Aunque parezca mentira, esta tradición, aunque desparecida por completo en su forma ritual original, ha llegado hasta nuestros días en otra forma. Es costumbre de los niños recibir, el día de todos los Santos (1 de noviembre), un rosario hecho de pastas de yema y almendra. Estas pastas sustituyen a los panecillos o “panetets” que antiguamente se regalaban a los niños por estas fechas, y que sin duda son los panes que antaño se daban a los pobres el día de los difuntos.


jueves, 16 de septiembre de 2010

El nacimiento de una Nación. Artículo conmemorativo del bicentenario de la primera Junta de Gobierno de Chile

El octogenario Mateo de Toro Zambrano y Ureta representaba sin duda a la Chile colonial, pero los avatares del destino lo convirtieron en prócer de la independencia del país andino. Hombre calificado por sus coetáneos de correcto, juicioso y honrado era cabeza de una de las familias criollas más importantes de Santiago del Nuevo Extremo, nombre como se conocía otrora la actual ciudad de Santiago de Chile.
La vida de Mateo de Toro estuve unida siempre a cargos políticos y militares de relevancia en la región y el hado, personificado en el mancillado nombre de Francisco Carrasco, quiso que ostentara el cargo de Gobernador de la Capitanía General de Chile, asumiendo toda responsabilidad sobre el territorio.

Fue desde este cargo cuando presidió la Primera Junta de Gobierno el 18 de septiembre de 1810. El embrión de una emancipación chilena que iniciaba su andanza. Es sorprendente que un realista como Toro Zambrano decidiera posicionarse por la autonomía de Chile. Su cargo, su buen hacer y el temor a la violencia que se palpaba en el ambiente lo convencieron para presidir esta junta al lado de otros hombres como el obispo José Martínez de Aldunate, Gaspar Marín, Gregorio Argomedo, Márquez de la Plata, Enrique Rosales, Martínez de Rozas, Ignacio de la Carrera, Javier de Reina. Miembros de la aristocracia criolla, militares oriundos de la metrópoli en una situación límite, políticos e intelectuales de la recién creada Patria, conocida con el paso de los años como la “Patria Vieja”.

Esta Junta de Gobierno se amparaba en los hechos que acaecían en el lejano reino. Invadida España por las tropas de Napoleón y substituido el legítimo rey por el malogrado Pepe Botella, las colonias entendieron que debían gobernarse así mismo, tomando medidas autónomas. En el caso que nos interesa la Junta convocó un Congreso, amplió el número de tropas ante una posible amenaza externa, defendió el librecambismo y estableció relaciones con la Junta de Buenos Aires, creada el 25 de mayo de 1810. Estas pautas definían el objetivo de la emancipación total, pues se observan tres pilares fundamentales como son el control del ejército, el enriquecimiento económico que favorecía a la nobleza comercial eliminando los aranceles borbónicos, así como los primeros pasos hacia el autogobierno convocando un Congreso integrado por miembros de todos los distritos de la Capitanía General. Enzarzados en la figura del monarca, las misiones enviadas por la Junta Central Suprema de la metrópoli no fueron bien recibidas, hecho que ya hacía pensar en una serie de intenciones libertadoras. El encabezamiento de la convocatoria del Primer Congreso Nacional de Chile con fecha del 15 de diciembre de 1810 rezaba:

“Las desgraciadas ocurrencias de la Península, su ejemplo i el de las provincias vecinas, obligaron a la capital de este reino a formar un gobierno provisional que precaviese el riesgo en que se hallaba de ser separada de la dominacion de su amado soberano, el señor don Fernando VII, o por sorpresa, o por intriga”

[Transcripción original].

Pronto se asentaban las bases de una elección elitista y una democracia bastante selectiva. Cabe decir que los indígenas ni pinchaban ni cortaban en la nueva situación política de Chile.

Esto fue el génesis de un período que abarcó trece años de historia, plagado de luchas intestinas; la restauración por parte de la remota España del poder ante la desilusión de José Miguel Carrera; la reconquista de la emancipación en una etapa de sangre, sudor y lágrimas, donde jugaría un papel importante el caudillo libertador San Martín, que se convertiría en héroe en la batalla de Maipú (1818) junto al omnipresente O’Higgins al derrotar a las tropas realistas.

El camino hacia la independencia de Chile estaba abierto.

Se abre aquí un período de leyenda negra enmarcado por el gobierno autocrático de O’Higgins, la marcha libertadora del Perú y la guerra abierta hacia los montoneras, bandoleros realistas e indígenas que se dedicaban al pillaje en las zonas rurales del país. Este período denominado “Patria Nueva” se cierra el 23 de enero de 1823, cuando O’Higgins, envuelto en cierto manto de sospechas y con un estado al borde de la guerra civil, abdica. La nueva Chile se levantaba con una guerra entre patriotas en el horizonte, destacando la figura de Portales como organizador del recién creado estado.

Lejos quedaba quizás la romántica conspiración de los "Tres Antonios" acaecida en 1780 a raíz de la independencia de los Estados Unidos. Un motín que abogaba por la República en sustitución de la Monarquía, incluyendo a los araucanos en el gobierno, aboliendo la esclavitud y la pena de muerte y defendiendo la desaparición de las jerarquías sociales. Un mundo ideal en un mundo corrompido y controlado por los poderosos y ricos comerciantes, que al fin y al cabo se repartieron el pastel de la emancipación chilena.




Imagen: "El abrazo de Maipú entre O'Higgins y San Martín" del pintor chileno Pedro Subercaseaux Errázuriz.

-¡Gloria al salvador de Chile!
-Chile jamás olvidará su sacrificio presentándose al campo de batalla con su gloriosa herida abierta.

viernes, 18 de junio de 2010

Dolor de muelas romano


Para la chica que se ruboriza cuando le coges de la nariz:



Este texto pertenece a un libro sobre la vida de los romanos. Es genial, y nos hace reflexionar sobre los métodos naturalistas para curar el dolor. Los comentarios entre corchetes son míos, con la finalidad de hacer un poco más amena la lectura del documento. Disfrutarlo.

"Esa malvadísima dolencia es tan rebelde a toda cura, que para combatirla no bastaba ni el laserpicio*. Debemos decir que a este propósito las opiniones de los médicos divergían [como en la actualidad, te vuelven loco]. Algunos sugerían como calmante introducir el laserpicio en la cavidad de la muela enferma, y cerrarla con un poco de cera [un poco chungo ciertamente]. Otros, como Plinio el Viejo, desaconsejaban aquel remedio, citando el caso de cierto individuo a quien el dolor, a consecuencia de aquella imprevisora aplicación, llegó a ser tan fuerte que, para acabar de una vez, se tiró de cabeza desde una altura. Se le pasó, cierto es, el dolor de muelas…,¡pero, por Dios Santo, de qué manera! [lo dije: chungo chungo].Para aliviar el dolor de muelas se obtenía en cambio algún resultado con métodos más suaves, como la pulpa de calabaza con ajenjo y sal, o el jugo lactífero del tallo de la mostaza [la versión clásica del metamizol magnésico, eso es el Nolotil marca registrada]. Se creía también que para mantener sana la dentadura bastaba con disolver un poco de sal, a la mañana en ayunas, debajo de la lengua, y también masticar raíces de anémonas, o hacer tres veces al año un enjuague con sangre de tortuga [tenéis que probarlo, nunca falla, es infalible, en el supermercado venden sangre de tortuga a granel]. Vinagre caliente y jugo de calabaza volvían la estabilidad a los dientes que se meneaban [no me lo creo] Pero cuando, a pesar de todo esto, los dientes enfermaban y el mal se tornaba espasmódico, no había más remedio sino aguantarse; como ocurre en otras contingencias de la vida" [es lo que hay, a joderse].

*La planta medicinal panacea de los romanos.