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miércoles, 13 de octubre de 2010

Libres




Es un momento emocionante… los 33 al final serán rescatados y acallarán las bocas de muchos que creían que todo era una falacia. Ahora espero que los políticos chilenos guarden la compostura, que sepan comportarse ante la libertad de estos hombres que pronto se reunirán con sus familias y sus amigos, sus seres queridos, que pronto volverán a jugar al dominó en el bar, que volverán a ver un partido de futbol junto a miles de voces exaltadas.

A bordo de la “Fénix”, los mineros resurgen de sus cenizas, del silencio de la profundidad, de la oscuridad perpetua de las entrañas de la Tierra. No puedo contener la emoción al verlos surgir de la tierra, que como dice una chica chilena está pariendo, devolviendo a sus hijos enterrados. No puedo contener la emoción cuando la cápsula se abre y libera a uno detrás de otro, fundiéndose en un abrazo a su amada esposa, besándola, saboreando de nuevo el amor, resucitando, retornando a la vida, regresando al espacio libre y respirar el aire puro no sólo del inmenso desierto sino de la libertad absoluta.

Las gafas de sol ocultan sus ojos, pero seguro que están llorosos, impregnados en lágrimas, de una alegría que ni siquiera podemos imaginar. Abrazos, besos, llantos, sonrisas, saltos, canciones, gritos de ánimo… un clamor de éxtasis que recorre Copiapó a lo largo y a lo ancho: ¡Están con nosotros!

Mientras escribo estas palabras rescatan al minero número veinticuatro. Sé que mañana correrán ríos de tinta sobre el asunto, aparecerán minutos, horas de televisión recordándonos tan bellos instantes. Luego vendrán las entrevistas, las memorias de una lucha por la supervivencia, las críticas al estado de los trabajadores mineros en Chile, la propaganda política, la exaltación de la nación, el culto a la bandera, los anhelados agradecimientos a Dios, las celebraciones de todo un país, la victoria sobre la Madre Naturaleza, el triunfo sobre lo que parecía irremediablemente la muerte de 33 seres humanos… pero ahora, lo importante, lo esencial, es que estos mineros han vuelto a nacer, han resurgido de las cenizas como el Ave Fénix, han vuelto con sus familiares y amigos, han vuelto a vivir. Ya lo dije yo, se encontraban a escasos pasos del Infierno, pues es un infierno lo que han pasado, y al final del túnel, aparece la luz, la luz de una renovada esperanza.

Debo decir que he intentando aportar con mis artículos un granito de arena a esta causa. Desde un principio estaba seguro que todo iba a salir bien, tenía una corazonada… y ahora me siento estupendamente, aunque sé que esta sensación la están experimentando en este segundo millones de personas, chilenos y no chilenos, a la fin ciudadanos del mundo, aquellos que tenga un mínimo de sentimientos y un mínimo de respeto por la vida humana.

Agradecer a todos los lectores de mis artículos anteriores, agradecer a mis amigos de Chile que sé que me han leído. Os lo agradezco de corazón, y lo hice por ellos, lo merecían, por los 33 ¡Viven! Y desde España un efusivo abrazo. Siempre habrá en mí un trocito del país andino, y espero en un futuro no muy lejano visitaros.

martes, 21 de septiembre de 2010

No me he olvidado de los mineros de San José

El rescate es más complejo de lo que parece a primera vista. Los rescates son en ocasiones más difíciles de lo que la opinión pública aprecia. Claros ejemplos son recientes casos de montañeros, abandonados a su suerte ante la desesperación de sus seres queridos, ante la imposibilidad de poder hacer algo más.
Ahora la inquietud invade la mente de los mineros. Las perforadoras funcionan, se detienen, se averían, vuelven a funcionar.
Realizar un rescate a 700 metros de profundidad es tan complicado como salvar a alguien que ha desfallecido a 4.500 metros sobre el nivel del mar. Ya dije en su momento que se deben utilizar todos los medios al alcance, cueste lo que cueste. Ahora la esperanza se personifica en una máquina utilizada para la ejecución de pozos petrolíferos. Esta perforadora petrolera es titánica, unos cuarenta y cinco metros de alta, y se estima que en un mes y medio debe cubrir la distancia que existen entre la superficie y el lugar donde se hallan atrapados los mineros.
(…)
(…)
Ha llegado… una de las perforadoras aparece ante los ojos de los mineros que, vitorean el logro con inmensa alegría. Es como un cilindro de acero, es como la mano que llega del exterior para coger a los mineros y subirlos a la superficie. Levantan los brazos, saltan, ríen… ven el final de su agonía más cerca, y quizás todavía están en el hemisferio de su penuria. Hace más de un mes que están allá abajo, donde los segundos, los minutos, las horas son un tictac sin sentido, como un tiempo de nocturnidad perpetua, como un reloj ignoto del día y la noche. Los focos son las estrellas, el agua almacenada el lago de la vida, sus latidos el tímido sonido de las agujas del cronómetro que señala su liberación… Saltan, saltan… un nuevo hálito de esperanza, una nueva bocanada de ilusión, un soplo de optimismo.
Ahora les toca trabajar, ellos ya forman parte de su propio rescate. Deberán retirar escombros, el agujero debe pasar de treinta a sesenta y cinco centímetros… una minucia a primera vista, un mes y medio de trabajo. Algo insignificante si trazamos la línea sobre un papel, algo ininteligible cuando se debe ampliar un pozo de más de 700 metros de profundidad.
Ahora deben ser pacientes, debemos ser pacientes... se abre una muy buena expectativa ante su situación ¡Ánimo!


viernes, 10 de septiembre de 2010

Las perforadoras golpean la tierra, los balones golpean los corazones desconsolados

[A los 33]

Las perforadoras parecen avanzar, arañando día a día un poco más aquel terreno pedregoso y desértico. Mientras tanto los mineros son abastecidos de alimentos, medicinas... y algo más: mensajes de ánimo y solidaridad, alientos de fuerza e ilusión. En ese involuntario encierro, bajo tierra, son alentadoras para combatir la desesperación y la inquietud, las misivas más extraordinarias.

A parte del cariño de las familias, gestos como los del jugador David Villa se clasifican de excelentes. Oriundo de Tuilla, en el concejo de Langreo, en plena cuenca minera asturiana, y descendiente de tan azaroso oficio, el futbolista ha demostrado con un bello acto su porte de embajador de la esperanza. Yo sé, y a raíz de la afición existente en Chile por el deporte rey, que esta camiseta firmada por El guaje incrementará la moral de los mineros atrapados, y ayudará a superar esa constante depresión en la que se encuentran permanentemente sumidos. A ello, cabe sumar el partido que pudieron visionar el otro día, un Chile-Ucrania que dejó cierto sabor agridulce, pero que seguro hizo olvidar durante noventa minutos la agónica situación en la que viven.

Y es que dicen que el fútbol es una válvula de escape para millones de personas en el mundo. El fútbol hace olvidar durante momentos la cruda realidad, y nos concentramos tanto en unos colores, en un balón... que arrinconamos todos nuestros miserables problemas y disfrutamos. Ciertamente esto es discutible, y podrían correr ríos de tinta entorno a este tema, pero no es aquí cuestión el discutir si el fútbol es el opio del pueblo, si pan y circo, o que mientras vemos un partido importante aprueban la Ley de la Reforma Laboral sin ni siquiera importarnos.

Yo creo que ese balón de oxígeno, sí, digo balón, los mineros lo agradecen... profundamente, seguro... ellos debieron disfrutar con su selección en el Mundial, y más de uno desea ferviente volver al estadio donde gozar con los goles o sufrir con la derrota de su equipo, de los colores que lo obsesionan, que lo catapultan a un mundo de ensueño donde impera el olor a césped mojado y el ruido sordo que emite el balón al ser pateado con fuerza.

La verdad que existen otros muchos modos de animar a los mineros... pero si el fútbol es su pasión, fútbol por favor. Me trae sin cuidado que los de la liga anti-fútbol piensen lo que piensen, y crean que estamos como hipnotizados por este deporte o crean que es algo que afecta al intelecto o crean que los que vemos a veintidós tíos sobre un terreno de juego detrás de una pelota somos tontos. Yo también veo más allá del fútbol. Pero el fútbol levanta pasiones (y genera violencia dicen), pero el fútbol ayudará un poco más a que los 33 no pierdan la esperanza, allí, a 700 metros de profundidad, y como ya dije, en las entrañas de la tierra, a unos pocos pasos del Infierno.




Imagen: Un gol a favor de la esperanza.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Artificio. Arriba el telón.

[A los 33]

Algunos medios ya comienzan a hacer hincapié en el coste económico o en el papel demagógico-populista que el gobierno chileno está haciendo sobre el asunto de los mineros de San José.

Ya empezamos a especular con los números, las cifras, los votos, las mentiras, ... la sempiterna cortina de humo, ocultar con una noticia rimbombante la cruda realidad que se esconde en unos salarios paupérrimos, unas condiciones laborales roñosas, una clase dirigente que explota sin escrúpulos. A ello podemos sumar otras situaciones que se viven en el país andino, cubiertas con la sábana del patriotismo, con la manta del melodrama minero.

No por ello resto la importancia a los mineros atrapados tras un derrumbe causado por la inaptitud y tacañería de los empresarios de la minería chilena. Son vidas humanas, y ajeno a la vida privada de cada uno de ellos, son vidas humanas que deben salvarse cueste lo que cueste, porque la vida de un hombre está por encima de cualquier precio, cualquier objeto valioso, cualquier obra de arte... la vida es el mayor de los tesoros que atesoramos, válgame la redundancia, y debemos luchar por ello cueste lo que cueste.

Pero es cierto que alrededor de este dramático episodio existe un tufo a humo, al humo que conforma esa cortina que no nos quiere dejar entrever lo que pasa al otro lado; la otra realidad chilena. Una cortina que difumina la vista de aquellos que nos encontramos en el resto del mundo, e incluso del mismísimo Chile; una cortina que mitiga la verdad del asunto y la verdad de la situación socio-económica de uno de los estados más característicos de Sudamérica.

A mí me da igual que uno de los mineros sea un alcohólico empedernido u otro se deje el jornal jugando a las cartas o al dominó. Me da igual que se impregne todo con cierto pseudo-patriotismo o impere el santoral untando todo de una religiosidad ciertamente empalagosa. Me importa la vida de esos hombres y punto. Me importa la vida de esos hombres dejando a parte ese espectáculo mediático o ese “Show de la Mina San José”.
Me importa que sobrevivan a esa catástrofe, que lo único que evidencia es el interés y el beneficio de unos pocos por encima de todos. Hay gente a la que no le incumbe despedir de un plumazo a varios trabajadores (que representan hombres, vidas, familias) en beneficio propio, regocijándose en una burbuja de placer, amistad y “buen rollo”. Tan despreciables e hipócritas son. Hay gente que a la que no le importa que la muerte de unos mineros le aporten cuantiosos beneficios pagando pólizas de seguro miserables (la vida de una persona metamorfoseada en una cifra con muchos o pocos ceros ¡qué más da!). Esto es lo que un amigo mío denomina “terrorismo laboral”. Podría existir leyes internacionales que condenaran estas despreciables situaciones, como la de los niños de la India que cosen balones de fútbol de una conocida marca... y hablando de antiterrorismo, recordar a esos mapuches en huelga de hambre tras ser condenados por la ley antiterrorista engendrada bajo la dictadura de “yasabemosquién”. Prometo investigar más sobre este tema y escribir una entrada.

Pero señores, estamos en el mundo de la manipulación mediática... ¿héroes?
Ya lo dije en la primera entrada que escribís sobre los 33. Y si pienso que se ha montado un circo, donde los políticos de turno se vanaglorian con su entusiasta bien hacer, este pensamiento me lo reservo. Me lo guardo para mí mismo para cuando los 33 mineros escapen de ese infierno y salgan a la superficie, entonces hablaremos, hablaremos claro.

Un abrazo desde España a todos los chilenos.




Imagen: el espectáculo puede acabar como los guiñoles, palos para todos.

lunes, 6 de septiembre de 2010

La "Milagrosa"

“Ten fuerza, falta poco para salir” dijo el padre de uno de los mineros. Según el último pronóstico, a principios de noviembre los mineros atrapados en San José podrían volver a casa, sanos y salvos.
Gracias a las nuevas tecnologías, los mineros tuvieron la oportunidad de hablar con sus seres queridos. Fue esto, la verdad, una inyección de moral, una bolsa de oxígeno a un alma torturada, un hálito de vida que viajó gracias a la fibra óptica... Los familiares contemplaban la pantalla con serenidad, emoción... allí aparecía papá, con el interfono en la mano, con el rostro contraído en una mueca de palpitante alegría, entremezclada de angustia y hambre de abrazos y besos. Lo observo besando el teléfono, acariciando ese plástico caliente de orificios esperanzadores. Una videoconferencia con conexión desde el mismísimo infierno.

“La Milagrosa”, mote cariñoso que recibe la recién llegada perforadora, ya está en el campamento “Esperanza”. Esta máquina, de apariencia infernal, es posible que traiga a los mineros a la superficie... se alzará como un monstruo metálico de bondadosa actitud. Es como si el Kraken, en vez de devorar marinos, se dedicara a salvarlos de una muerte segura en las profundidades del océano. Este engendro de acero, que trepana y remueve la tierra, despacio, evitando las fallas geológicas, arribará a su destino, con toda seguridad. El rugir de su movimiento alertará a los de allá abajo que el fin de sus penurias está cerca... ánimo muchachos, pronto escucharéis con gozo el bramido del monstruo, sentiréis su aliento salvador.

Un abrazo para los mineros, sus allegados y todos aquellos que luchan día a día para que estos hombres regresen al mundo de los vivos.


viernes, 27 de agosto de 2010

Una partida de dominó a 700 metros de profundidad...

[A los 33]

Hoy por la mañana, mientras desayunaba, veía las noticias. El telediario (noticiario) se iniciaba con las primeras imágenes del refugio de los mineros de San José, descamisados, sudorosos y muy delgados. Hablaban a la cámara, saludaban y se observaba cierto atisbo de regocijo en sus demacrados rostros. Algunos sonreían tímidamente, otros con más descaro, moviendo la mano en un saludo a aquellos que nos hallamos aquí arriba, expectantes, un saludo natural, involuntario, que siempre surge de nuestro alma al ver que una cámara de televisión nos enfoca... en este caso el saludo tiene un significado más amplio, dirigido a las familias, como rezando: “hola, estoy bien, pronto estaré con vosotros”.

Han explicado como los sacarán de allí, subrayando que las tareas de rescate durarán un período de al menos tres meses. Bueno, como dijimos con anterioridad, paciencia. Preocupados por la salud, sabemos que ahora se presenta como un problema, pero ya están recibiendo ayuda en forma de alimentos y medicamentos.

Quizás la mayor de las dificultades reside en la salud mental, soportar una situación de estas características es inimaginable (yo no quiero ni imaginármela). Es una situación ciertamente agónica, desesperante...
La cámara ha realizado una panorámica sobre el refugio, una oquedad penumbrosa, donde sobresale una mesa (o algo parecido) en el centro, de color ocre o rojo. El foco de la videocámara puede engañarnos, nunca reproduce los verdaderos colores. Sobre la mesa unas fichas, esparcidas, colocadas... son piezas del dominó. Entonces el cronista dice tan tranquilo: “los mineros están bien, pasan el tiempo jugando al dominó”. Bueno, me ha impactado, ellos allí, tan serenos, matando el tiempo jugando a tan popular juego, desarrollando el talento en colocar una pieza tras otras, correlativas, intentado ahogar al oponente, cerrando o dominando la partida con la última de las fichas.

No quiero divagar. No quiero pensar como deben sonar las fichas sobre el tablero, al colocarlas, en aquel apartado lugar ¿Apartado? Recóndito lugar más bien. Un sonido hueco. “Pito-seis; me doblo; seis-cuatro; me vuelvo a doblar; a cuatros; paso; paso; cuatro-tres; paso; tres-pito; pito-dos; me doblo; dos-blanca; hala, se acabó...”. ¡clas!
En cierta manera, esto me tranquiliza... esto me da a entender que ellos asumen la situación, que saben que es cuestión de tiempo... la revancha en el bar, compañeros, cuando juguemos al dominó en una mesa de madera, con unas cervezas, más concentrados, sosegados, con la luz del sol filtrándose a través de las ventanas del local, liberados.



Imagen: la revancha en el bar, compañeros, cuando juguemos al dominó en una mesa de madera, con unas cervezas, más concentrados, sosegados, con la luz del sol filtrándose a través de las ventanas del local, liberados.

martes, 24 de agosto de 2010

Crónica de un rescate anunciado. Paciencia

Ahora ¿Ya podemos respirar tranquilos? Ahora debemos tener paciencia. Quizás para Navidad ellos volverán a casa, con los suyos, a descansar, a superar ese traumático episodio, propio de la negligencia y de la falta de escrúpulos de unos que hacen llamarse salvadores de la Patria. Pero no es todavía el momento de pedir responsabilidades o de exigir explicaciones, es el momento de centrarse en el rescate y de sacar con vida a esos treinta y tres hombres, es lo que merecen, es lo que merecemos... los impropios para cuando ellos estén sanos y salvos en la superficie. Espero que algunos eviten baños de multitudes o muestras de personalidad mesiánica, espero que sólo se concentren en la vida y la decencia de los rescatados... lo pido de todo corazón. Ahora deben ser atendidos y se debe mantener su estado de ánimo al máximo, el encierro va a ser largo y necesitan todo nuestro apoyo, principalmente el de la familia, pero también el de todos nosotros.

He visto las primeras imágenes de los mineros. Las primeras imágenes de la cámara montada en una sonda, descendiendo por el profundo, profundísimo, insondable agujero... descendiendo a los abismos, por esa herida perpetrada a la Madre Tierra para rescatar de sus vísceras a treinta y tres trabajadores. Sinceramente, decir, que me he emocionado al ver el rostro de uno de ellos ante la cámara. La imagen difuminada va tomando forma, y de repente se dibuja un rostro, unos ojos, una mirada, curiosa, implorando ayuda, satisfecha... son los rasgos de Florencio Ávalos, jefe de mina, cuya vida ha cambiado bruscamente desde aquel 5 de agosto.

Han hablado por teléfono, proclamando a gritos: “Viva Chile”... la moral es ahora alta, muy alta. Ni oscuridad, ni sed, gracias a las infraestructuras allá existentes, pero si hambre, mucha hambre...
Estad tranquilos muchachos. Lentos pero constantes. No evaluemos los riesgos, seamos positivos, seamos optimistas. Yo quiero que vuelvan a casa, anhelo que lo consigan, y creo que lo van a conseguir. Me agradaría saber que vosotros, los lectores, creáis lo mismo, como una verdad absoluta. No estáis solos mineros.




Imagen: y de repente se dibuja un rostro, unos ojos, una mirada, curiosa, implorando ayuda, satisfecha...

lunes, 23 de agosto de 2010

Una nota de esperanza, escrita en rojo, el amor por la supervivencia.

[A los 33]

En las entrañas de la Tierra, a dos pasos del mismísimo Infierno se encuentran treinta y tres hombres, vivos de milagro dicen, vivos en su resistencia y en su natural ansia de sobrevivir, proclamando: “estamos bien en el refugio los 33”. Vivos en su fe, en el amor de retornar a besar fervorosos a sus mujeres, de abrazar a sus hijos, de volver a compartir momentos junto a sus amigos... de volver a saborear la "cola de mono", de volver a sonreír contemplando los Andes imperecederos.

La noticia llegó como un soplo de aire fresco en una tarde calurosa, llegó como la paloma de Noé, con su ramita de olivo en el pico, llegó como la resurrección de Lázaro, llegó bajo la forma de una nota de papel ajada donde los mineros garrapatearon un mensaje de esperanza en letras rojas y torpes, pero portadoras de un afán, de una lucha por regresar al mundo de los vivos. Un mensaje pegado al hierro de una perforadora, único testigo de que ellos todavía siguen con vida, allá, abajo, en el estómago de la montaña, en lo que parecía ser su segura sepultura.

Esa nota ha sido vista ya, hoy, por todo el mundo. Ha conseguido que la gente se aglomere frente al televisor, juntos, unidos aún más, con lágrimas emotivas en sus ojos, pasionales, clamando al Cielo con millones de gracias, de muchas gracias... abandonando ese estado de aflicción que tantos días han llevado consigo, como una losa pesada, como un incómodo compañero de viaje que ahora despiden con la esperanza de no volver a ver jamás. Berrean los claxon de los automóviles por la ciudad, por los pueblos, por los campos... las sirenas de los bomberos toman voz, las estridentes sirenas de murmullo metálico y bocinero se transforma en música milagrosa, en música celestial, vaticinando que treinta y tres vidas se han recuperado. Repican las campanas de todas las iglesias de Chile, congregando a los fieles, fieles a la vida y a la justicia. Bailan, suben, bajan, con sus rígidas faldas de bronce... ¡Las campanas de la alegría! ¿Por quién doblan las campanas? Preguntaría Hemingway... hoy doblan por la vida de unos hombres, feroces, que se han resistido a morir, que se niegan a perder toda ilusión, orgullosos de querer volver a admirar el azul, el rojo y la estrella.

Ahora hay que ser pacientes... los treinta y tres saben que toda una nación están pendientes de ellos, que no han sido dejados a su suerte, y que los esfuerzos son máximos para que ellos salgan de la penumbra, de esa situación angustiosa de ser enterrados en vida. Respiran un aire pesado, seguro, un aire que ha pasado de la pesadumbre de la muerte al anhelo de la vida. Entumecidos, agotados, sudorosos, con sus ojos acostumbrados a la oscuridad total... pero sabiendo que pronto, quizás en meses, pero pronto, meses que parecerán años ¿Cómo debe transcurrir el tiempo en semejante escenario?

Pronto sentirán esa brisa en su agrietada piel, pronto se alimentarán en amplias bocanadas de oxígeno, sentirán el agua deslizarse por sus poros mohosos, sentirán el calor y el cariño de sus seres más cercanos, de sus compañeros, de sus conciudadanos, de todos los trabajadores del planeta, de todos aquellos que todavía conservan cierto resquicio de respeto y dignidad.

Y por favor pido. Si un drama de este calibre acaba en final feliz, en el alboroto, en la sonrisa de todos... se deben tomar medidas drásticas para evitar que algo así suceda de nuevo. Los intereses de unos pocos no pueden prevalecer por encima de la vida de unas personas que día a día dejan su piel, dejan su pellejo... es lamentable que tengamos que experimentar estas convulsiones en el corazón, este sabor amargo, este desprecio que algunos hombres sienten por otros, fundamentando sus caprichos materiales en la explotación discriminada de los necesitados, de aquellos que debemos afrontar lo cotidiano como la aventura más grande jamás escrita.

Los treinta y tres trabajaban en las entrañas de la Tierra, a unos pocos pasos del mismísimo Infierno, cerca de la caverna que alberga a Cerbero, seguro, con sus tres cabezas: la hipocresía, la explotación y la falta de humanismo. Los treinta y tres viven allá abajo, viven, sí, y pronto volverán a estar entre nosotros, muy pronto.

Un hálito de ánimo desde el otro lado del océano.




Imagen: la nota de la esperanza.

domingo, 15 de agosto de 2010

A los 33

En la remota mina de cobre de San José en Copiapó (Chile) hace ya unos diez días están atrapados treinta y tres mineros, esperando agónicamente su rescate.
En un principio la cosa es poco halagüeña, pues los mineros sólo contaban con víveres para sobrevivir unos dos días, aunque la esperanza no se ha perdido.

Ante la expectación, todo el mundo piensa en un rescate satisfactorio, la gente, allá en Chile, cuenta las horas para que estos trabajadores regresen con sus familias y puedan volver a ver el claro cielo del país andino.
En las redes sociales del cyberespacio se ha hecho eco de la noticia y existen grupos de apoyo moral a la causa. Una amiga escribió acertadamente unas palabras prodigiosas que aquí reproduzco:
“fuerzas a esos amigos que están viviendo esta situación tan terrible o mejor dicho indescriptible...los segundos deben ser eternos para ellos...pero pronto estarán a salvo y estos grandes hombres serán unos grandes héroes, héroes para el mundo entero...”.

Ya de por sí, trabajar a unos 700 metros bajo el nivel del mar ya es una proeza, y siempre se ha de clasificar de héroe a aquél que arriesga su vida en jornadas laborales sempiternas.
En un artículo sobre este fatídico episodio podemos leer:

“El reciente desastre minero, en la mina San José, no es una casualidad. Es la consecuencia lógica del modelo de saqueo, depredador y explotador, impuesto desde el momento mismo del golpe de 1973, por el imperialismo y las transnacionales, que obliga por la racionalidad propia del capital, maximizar las utilidades, a llevar, incluso traspasar, el límite físico factible de las condiciones materiales de la relación de explotación”.

Amiga mía, cabe escuchar palabras como las tuyas en momentos difíciles, pero es evidente que, en ocasiones, evitar estas catástrofes (y se pueden evitar) sería lo mejor para todos… eso sí, estos hombres ya son de por sí, héroes, y el trabajo en la mina es por decirlo de alguna manera, el trabajo más peligroso del mundo.
Eso sí, entiendo y apoyo de todo corazón esas expresiones, y espero, como muchos otros, que estos trabajadores estén sanos y salvos, pero sólo eso el tiempo lo dirá, y mañana conoceremos la respuesta ¡Ya queda menos!

Mi amparo incondicional a todos esos seres humanos que sufren este accidente, mi más fuerte de los ánimos a los 33, que atrapados esperan liberarse de toneladas y toneladas de tierra, y aún allí, yacentes en el subsuelo, nadie se ha olvidado de ellos. Que se acuerden ahora, pero que se acuerden siempre, en todo momento, para evitar que en un futuro suceda algo semejante.

Por cierto, querida amiga, tus palabras fueron las que me inspiraron escribir esta humilde entrada ¿Quién te inspiro a ti? Quizás la buenaventura que siempre portas contigo.