Los recuerdos son el presente del futuro, y el futuro es mañana. La vida no es lineal sino helicoidal
AHORA UNIDOS MÁS QUE NUNCA 15-M DEMOCRACIA REAL YA
martes, 30 de noviembre de 2010
Luz
Tanteo en la oscuridad buscando el interruptor ¡Click! Pongo en marcha el ventilador por equivocación. Ahora palpo nervioso. Otro click y enciendo una luz tras de mí ¡Maldición! Quiero encender la luz que guíe mi camino. Cierro los ojos y mi sentido del tacto se agudiza. Toco la áspera pared con la esperanza de hallar el interruptor correcto, de sentir el plástico en mis dedos, presionar con fuerza e iluminar este sin sentido que es la vida.
viernes, 19 de noviembre de 2010
Estrellas fugaces
Las estrellas fugaces son portadoras de deseos, sueños y cumplidos. La otra noche, sentado en la terraza observaba el cielo, fijamente, buscando una de esas estrellas que no es estrella. Son elementos del espacio exterior que al contacto con la atmósfera se desintegran en un recorrido incandescente. Esto queda lejos del concepto romántico, por así llamarlo, de la estrella que muere, de la estrella que se desvanece y expira para la eternidad. Quizás pedimos un deseo por un simple aerolito, un pedazo de roca interestelar o un insignificante resto de basura espacial.
Pero los meteoros quedan en el imaginario popular como ese ente que nos hace desear algo que tarde o temprano debe cumplirse.
Pero los meteoros quedan en el imaginario popular como ese ente que nos hace desear algo que tarde o temprano debe cumplirse.
martes, 9 de noviembre de 2010
El molino, el viejo y la gallina
Un día me tocó visitar un molino situado en un municipio de Mallorca cuyo nombre no quiero recordar. Imaginar su función original suponía un ejercicio mental considerable, y sólo podía percibir su glorioso pasado cerrando los ojos y reconstruyendo en mi cerebro todos los elementos que antaño ornamentaban aquella torre blanquecina y destartalada.
Alrededor del molino se extendía un cercado, donde un anciano de rostro angelical y camisa sucia daba de comer a una gallina. Una sola gallina en aquella parcela. No es que fuera una gallina especial, más bien el bichejo parecía de lo más común, de tono parduzco y cresta rojiza. El hombre, encorvado, extendía la palma de su mano repleta de grano, y la gallina picaba frenética e indiferente, con los ojos inmóviles y sin cacarear. La mimaba como si se tratara de una persona especial. Quizás se trataba de la mítica y fabulosa gallina de los huevos de oro. El ave no dejaba de picotear e ingerir sin respirar aquellos granitos de trigo, meneando la barbilla con gracia.
–Come preciosa –le animaba el hombre.
Al cerciorarse de mi presencia el viejo se volvió hacia mí.
–¡Buenos días! –saludé.
–¡Hola! –me respondió y encogió los hombros –¿Cree usted que el Papa aceptará esto?
Alrededor del molino se extendía un cercado, donde un anciano de rostro angelical y camisa sucia daba de comer a una gallina. Una sola gallina en aquella parcela. No es que fuera una gallina especial, más bien el bichejo parecía de lo más común, de tono parduzco y cresta rojiza. El hombre, encorvado, extendía la palma de su mano repleta de grano, y la gallina picaba frenética e indiferente, con los ojos inmóviles y sin cacarear. La mimaba como si se tratara de una persona especial. Quizás se trataba de la mítica y fabulosa gallina de los huevos de oro. El ave no dejaba de picotear e ingerir sin respirar aquellos granitos de trigo, meneando la barbilla con gracia.
–Come preciosa –le animaba el hombre.
Al cerciorarse de mi presencia el viejo se volvió hacia mí.
–¡Buenos días! –saludé.
–¡Hola! –me respondió y encogió los hombros –¿Cree usted que el Papa aceptará esto?
martes, 2 de noviembre de 2010
El pan de los muertos
[dedicado a Aprendiz de panadera]
Una tradición, que realmente se ha perdido en Mallorca, pero que se mantiene en algunos pueblos castellanos, es la de la ofrenda de pan en los funerales o aniversarios fúnebres.
Este rito social, ya desaparecido, estuvo en boga en el Medioevo y principios de la Modernidad. La costumbre de repartir pan a los pobres y necesitados sobre la tumba de los difuntos se documenta en varios testamentos a lo largo de los siglos XIII y XVI. El difunto pide en su testamento a sus herederos, que en cada aniversario de su muerte o día de los difuntos, se coloque un cirio y un pan o cesta con panes sobre su tumba, y que tras el oficio, este se reparta entre la gente necesitada.
Existía también el denominado pan de los difuntos y el pan bendito, aunque se desconoce su semejanza. Este pan bendito se repartía durante todos los domingos entre la sacristía y el portal de la Almoina (ubicado junto a la Catedral en la casa del mismo nombre). El día de la resurrección era sustituido por obleas.
Aunque parezca mentira, esta tradición, aunque desparecida por completo en su forma ritual original, ha llegado hasta nuestros días en otra forma. Es costumbre de los niños recibir, el día de todos los Santos (1 de noviembre), un rosario hecho de pastas de yema y almendra. Estas pastas sustituyen a los panecillos o “panetets” que antiguamente se regalaban a los niños por estas fechas, y que sin duda son los panes que antaño se daban a los pobres el día de los difuntos.
Una tradición, que realmente se ha perdido en Mallorca, pero que se mantiene en algunos pueblos castellanos, es la de la ofrenda de pan en los funerales o aniversarios fúnebres.
Este rito social, ya desaparecido, estuvo en boga en el Medioevo y principios de la Modernidad. La costumbre de repartir pan a los pobres y necesitados sobre la tumba de los difuntos se documenta en varios testamentos a lo largo de los siglos XIII y XVI. El difunto pide en su testamento a sus herederos, que en cada aniversario de su muerte o día de los difuntos, se coloque un cirio y un pan o cesta con panes sobre su tumba, y que tras el oficio, este se reparta entre la gente necesitada.
Existía también el denominado pan de los difuntos y el pan bendito, aunque se desconoce su semejanza. Este pan bendito se repartía durante todos los domingos entre la sacristía y el portal de la Almoina (ubicado junto a la Catedral en la casa del mismo nombre). El día de la resurrección era sustituido por obleas.
Aunque parezca mentira, esta tradición, aunque desparecida por completo en su forma ritual original, ha llegado hasta nuestros días en otra forma. Es costumbre de los niños recibir, el día de todos los Santos (1 de noviembre), un rosario hecho de pastas de yema y almendra. Estas pastas sustituyen a los panecillos o “panetets” que antiguamente se regalaban a los niños por estas fechas, y que sin duda son los panes que antaño se daban a los pobres el día de los difuntos.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Cartas a Paulo (1 de noviembre de 2763 Ab Urbe Condita)
Buenos días Paulo,
El frío ya está aquí y escribo desde mi cubil.
Anoche los niños, disfrazados como seres horrendos, iban de casa en casa pidiendo caramelos. Sin duda, las influencias extranjeras se han arraigado en nuestra cultura, es como un segundo carnaval, del terror diría yo. Las calabazas adornan las casas con rostros grotescos, y en los rincones se diseñan telarañas de algodón con inofensivos arácnidos de plástico.
Ayer, cuando llegaba a casa, en la penumbra de la noche, varios seres, de esos criaturas-niños se cruzaron en mi camino. Vagaban como zombies con ansias de succionar cerebros humanos; como vampiros de tópica capa y afilados colmillos de goma que venden en las tiendas de disfraces; como asesinos psicópatas y monstruosos inspirados directamente de la gran pantalla; como fantasmas de sábanas blancas y raídas… disfraz cutre pero de éxito asegurado.
Uno no duerme tranquilo sabiendo que una caterva de bichos ronda por el pueblo. A mi casa no llegaron. Supongo que la oscuridad de la calle los retuvo, o quizás el estado del edificio. No es la casa de Norman Bates, pero sí parecen las ruinas de un manicomio abandonado. Las risas, los gritos y los ruidos guturales inventados para infundir temor desparecieron muy temprano… hasta los monstruos tienen madre y un plato de sopa caliente en la noche de Halloween.
¡Valete!

Imagen: Truco o trato. Huevos o caramelos. Tú eliges.
El frío ya está aquí y escribo desde mi cubil.
Anoche los niños, disfrazados como seres horrendos, iban de casa en casa pidiendo caramelos. Sin duda, las influencias extranjeras se han arraigado en nuestra cultura, es como un segundo carnaval, del terror diría yo. Las calabazas adornan las casas con rostros grotescos, y en los rincones se diseñan telarañas de algodón con inofensivos arácnidos de plástico.
Ayer, cuando llegaba a casa, en la penumbra de la noche, varios seres, de esos criaturas-niños se cruzaron en mi camino. Vagaban como zombies con ansias de succionar cerebros humanos; como vampiros de tópica capa y afilados colmillos de goma que venden en las tiendas de disfraces; como asesinos psicópatas y monstruosos inspirados directamente de la gran pantalla; como fantasmas de sábanas blancas y raídas… disfraz cutre pero de éxito asegurado.
Uno no duerme tranquilo sabiendo que una caterva de bichos ronda por el pueblo. A mi casa no llegaron. Supongo que la oscuridad de la calle los retuvo, o quizás el estado del edificio. No es la casa de Norman Bates, pero sí parecen las ruinas de un manicomio abandonado. Las risas, los gritos y los ruidos guturales inventados para infundir temor desparecieron muy temprano… hasta los monstruos tienen madre y un plato de sopa caliente en la noche de Halloween.
¡Valete!

Imagen: Truco o trato. Huevos o caramelos. Tú eliges.
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