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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Sentimientos decapitados

Respiro profundamente. Esta vida en ocasiones es justa con los injustos e injusta con los justos. Respiro profundamente. Hipócritas generosos y sórdidos de buen corazón. Respiró profundamente. Manipuladores y manipulados, aquellos que lo saben, aquellos que lo desconocen... Batidores y abatidos. Ricos y pobres. Ricos de bolsillo, pobres de corazón, de cultura, de sentimientos... ¡Qué alentador! Resignados e impacientes. Faltos de amor unos, saturados de sexo otros. Valorados por la infame sociedad, invalorados por la opinión pública pero apreciados por sus amigos. Acaparadores de objetos sin razón, superfluos y lujosos, traficante de deseos... devotos de libros y cultura, portadores de deseos. Paupérrimos asesores, consejeros que no brindan con el ejemplo pero con las ideas claras, aparentemente claras. Otros que mantienen la compostura y otros que pierden la cabeza... se la hacen perder.
La mantis me dijo: "te quiero" y me arrancó la testa.



Imagen: Mantis hembra devorando al macho durante el apareamiento (foto tomada en Montuïri-Mallorca).

martes, 21 de septiembre de 2010

No me he olvidado de los mineros de San José

El rescate es más complejo de lo que parece a primera vista. Los rescates son en ocasiones más difíciles de lo que la opinión pública aprecia. Claros ejemplos son recientes casos de montañeros, abandonados a su suerte ante la desesperación de sus seres queridos, ante la imposibilidad de poder hacer algo más.
Ahora la inquietud invade la mente de los mineros. Las perforadoras funcionan, se detienen, se averían, vuelven a funcionar.
Realizar un rescate a 700 metros de profundidad es tan complicado como salvar a alguien que ha desfallecido a 4.500 metros sobre el nivel del mar. Ya dije en su momento que se deben utilizar todos los medios al alcance, cueste lo que cueste. Ahora la esperanza se personifica en una máquina utilizada para la ejecución de pozos petrolíferos. Esta perforadora petrolera es titánica, unos cuarenta y cinco metros de alta, y se estima que en un mes y medio debe cubrir la distancia que existen entre la superficie y el lugar donde se hallan atrapados los mineros.
(…)
(…)
Ha llegado… una de las perforadoras aparece ante los ojos de los mineros que, vitorean el logro con inmensa alegría. Es como un cilindro de acero, es como la mano que llega del exterior para coger a los mineros y subirlos a la superficie. Levantan los brazos, saltan, ríen… ven el final de su agonía más cerca, y quizás todavía están en el hemisferio de su penuria. Hace más de un mes que están allá abajo, donde los segundos, los minutos, las horas son un tictac sin sentido, como un tiempo de nocturnidad perpetua, como un reloj ignoto del día y la noche. Los focos son las estrellas, el agua almacenada el lago de la vida, sus latidos el tímido sonido de las agujas del cronómetro que señala su liberación… Saltan, saltan… un nuevo hálito de esperanza, una nueva bocanada de ilusión, un soplo de optimismo.
Ahora les toca trabajar, ellos ya forman parte de su propio rescate. Deberán retirar escombros, el agujero debe pasar de treinta a sesenta y cinco centímetros… una minucia a primera vista, un mes y medio de trabajo. Algo insignificante si trazamos la línea sobre un papel, algo ininteligible cuando se debe ampliar un pozo de más de 700 metros de profundidad.
Ahora deben ser pacientes, debemos ser pacientes... se abre una muy buena expectativa ante su situación ¡Ánimo!


lunes, 20 de septiembre de 2010

Querubines de mierda

Preciosos, sonrosados, perfectos, encantadores, fabulosos, tiernos, sonrientes, delicados, románticos… tocan con su respectivo instrumento la melodía que deseas oír, te embelesan con su imagen hipnótica…
Pero en el fondo son astutos, crueles, superficiales, déspotas, manipuladores, egoístas, materialistas…

Debo buscar un arma para combatir a estos querubines que encuentro en la senda de mi vida… opté por la cultura, ahora creo que necesitaré un buen palo.




Imagen: (...) tocan con su respectivo instrumento la melodía que deseas oír...(Fresco hallado en Herculano).

domingo, 19 de septiembre de 2010

Festa des Vermar

La uva muere bajo mis pies, más bien resucita, transmutándose en ambrosía de dioses. Sigo pisando y siento como el mosto acaricia mis pies descalzos. Me creo un esclavo de Dionisos… ya voy dios, preparo tu brebaje mágico, aquel que nos transforma en mejores personas, aquel que nos inicia en los caminos de la muerte. Y es que los borrachos son los que se hallan más cerca de Thanatos. Pueden percibir su aliento, pueden vislumbrar la laguna Estigia y a Caronte en su balsa repleta de almas desoladas. Estrujo con fuerza, pero también con cierto arte. Por momentos pierdo el equilibrio y creo caer e impregnarme del líquido morado. Estoy arrodillado, como invocando clemencia a mi deidad. Me levanto aún más decidido y piso sin cesar. El néctar se desprende por el caño hacia la cuba, pronto iniciará su fermentación natural, pronto podrás saborear lo que saboreó Polifemo antes de quedar ciego. El listo de Odiseo, un don nadie para el gigante. El aroma invade mis fosas nasales, delicioso ese olor a uva recién prensada. Manto negro, sangre de esta tierra. Sería un detalle al beber un sorbo deslizar unas gotitas sobre el terreno, como agradeciendo a la tierra lo que nos ha dado. Eso hacen los astures con la sidra, dicen. Sería un modo de gratitud a la fertilidad antes de la decadencia del otoño, de la marchita estación donde todo cae y muere ¿Pero quién puede despreciar una pizca de ese fabuloso líquido al que llamamos vino?
Y ya dice un refrán:
“Más vale vaso de vino en mano que bodega en fotografía”.

viernes, 17 de septiembre de 2010

El retorno de Suro



Mis vecinas ya se comen cualquier cosa, que descaro. El otro día una de ellas se jalaba una polilla ¡Puag! Donde esté una carnosa y vitamínica mosca se quite ese bicho seco que sabe a papel y a ropa vieja.

Esta mañana me recreo en mi guarida ¡mmmmm! Una deliciosa lombriz o un jugoso saltamontes con sus crujientes patazas de atrás, rebosantes de chicha. Mi sistema de alimentación comienza a rugir. Necesito succionar algo ¡ya! Lamo mis heridas de guerra y me encuentro algo cansada. Me quedan seis patas como a una miserable cucaracha, pero después del lastimoso episodio con el monstruo de la absorción no me voy a dar por vencido.

Nunca he gozado de una vista de lince a pesar de mis múltiples ojos, pero allá abajo pasa algo. Esos malolientes mamíferos ya están apareándose.

Ya que se ocupan en sus menesteres es una ocasión de oro para bajar y trasladarme a una de mis trampas para desayunar. Colocadas por toda la casa mi cepo predilecto es el que se ubica en un cuadro cerca de la ventana, lugar de tránsito de cantidades y cantidades de comida. Hoy me pondré como el quico.

¡Como jadean estos malditos mamíferos! Yo sólo puedo aparearme una vez en la vida, así que el día elegido tiene que ser brutal.

Con la más absoluta naturalidad mis hileras producen mi preciado medio de transporte y muy despacio desciendo como un artista del alambre, sutil, con sumo cuidado.
Correteo con cierta dificultad hacia mi trampa para ver con espanto que ya no está. Mecachis, este tipo es más meticuloso que los anteriores inquilinos. Con aquellos era Jauja, no eran unos paranoicos de la higiene.

En fin, mi táctica trampa del cuadro ha desaparecido ¿Qué hacer? Aprovechando que los mamíferos copulan asaltaré su despensa. La reserva de alimentos se halla en un pequeño armario con varios estantes y una portezuela. Escalo hacia el ático del mueble y me cuelo por una de las rendijas de la puerta. Aquello es el Paraíso, la manduca abunda. Hay una especie de bolitas verdes… ¡ugs! Están en un recipiente infranqueable, voy a rascar… no puedo. A ver, anda, y estas bayas rojizas ¡grec! ¡grec! Están duras, no se puede succionar lo que hay dentro. Y eso que parecían termitas. Voy a subir al siguiente estante…larvas naranjas ¡mmmm! Están en un recipiente pero creo que las podré catar ¡ñam! ¡puag! ¡Qué diablos es eso! Sabe a tierra con cierta textura ¡buf! Anda, una caja de cartón, voy a meterme dentro. ¡Cras! ¡Cras! soso, soso. No sé que pinta una gallina en el envoltorio. Bichillos blancos, parecen gusanitos, vamos a ver… ¡shhhp! No tienen juguillo. Estos mamíferos no saben comer… probaremos con el dulce, aunque a nosotros los arácnidos no nos sienta muy bien el azúcar, dicen que engorda, y la verdad que ya tengo una barriga que exige una dieta equilibrada. Pero si no absorbo alimento alguno a este paso me quedaré en el chasis… ¡La madre del cordero! Todo son botes, latas y cosas incomestibles.

–Hola Suro ¿Qué haces? –me pregunta una compañera que surge de entre los botes.
–Intento comer.
–Aquí sólo hay bazofia. Ayer cacé una polilla gigante ¿Te apetece succionar un poco?
–¡Qué remedio!


*Suro volverá con el episodio "La fortuna de Suro".