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miércoles, 5 de enero de 2011

FELIZ AÑO 2011

Deseando un Feliz Año 2011 a mis lectoras y lectores, debo decir que estaré un tiempo sin escribir porque me torturan dos proyectos que tengo que acabar con urgencia. Pero prometo que una vez los haya finalizado volveré con las historias más pintorescas y/o rocambolescas.
Un abrazo a todas y todos.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Suro y las orugas




Desde días atrás existe en casa una invasión de orugas. Es bien cierto que el alimento abunda, pero ya me estoy hartando de tanto gusano, saben a rayos, como si fueran patatas fritas, pero freídas hace cuatro días ¡Ya os lo podéis imaginar!

Son blanquecinos y reptan por todas partes. Pared arriba, pared abajo, por el techo y por el suelo. Cuando tropiezas con uno de estos seres gelatinosos rápidamente te lanza un mensaje de súplica: “No me comas”. Para que con posteridad suene amenazante: “No soy de agradable sapidez. Atente a las consecuencias si lo haces". Ya dicen que “El que avisa no es traidor”. Y no avisan en balde, os lo aseguro.

Una tarde una de mis compañeras me aseguró que las mariposas saben mucho mejor, como dicen en esta tierra, son “mel”*.
“Suro aquests cucs es transformen en papallones i són mel”.

Es decir, debemos esperar a la metamorfosis y cuando salgan de la crisálida al buche. El plan consiste en cazarlas inmediatamente al surgir del capullo. Pero la verdad que esto va para largo, a este paso moriremos de hambre. Es un plan perfecto, no lo pongo en duda, pero “Mas vale oruga en mano que mil mariposas volando”, eso es lo que reza un refrán de arácnidos. No es que me conforme con poco, al contrario, pero no quiero pasar hambre y eso es lo que importa. Hoy en día con la crisis la cosa está chunga.







*Literalmente miel. Algo que está muy sabroso. En fin, ambrosia (Nota del Autor).

martes, 30 de noviembre de 2010

Luz

Tanteo en la oscuridad buscando el interruptor ¡Click! Pongo en marcha el ventilador por equivocación. Ahora palpo nervioso. Otro click y enciendo una luz tras de mí ¡Maldición! Quiero encender la luz que guíe mi camino. Cierro los ojos y mi sentido del tacto se agudiza. Toco la áspera pared con la esperanza de hallar el interruptor correcto, de sentir el plástico en mis dedos, presionar con fuerza e iluminar este sin sentido que es la vida.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Estrellas fugaces

Las estrellas fugaces son portadoras de deseos, sueños y cumplidos. La otra noche, sentado en la terraza observaba el cielo, fijamente, buscando una de esas estrellas que no es estrella. Son elementos del espacio exterior que al contacto con la atmósfera se desintegran en un recorrido incandescente. Esto queda lejos del concepto romántico, por así llamarlo, de la estrella que muere, de la estrella que se desvanece y expira para la eternidad. Quizás pedimos un deseo por un simple aerolito, un pedazo de roca interestelar o un insignificante resto de basura espacial.
Pero los meteoros quedan en el imaginario popular como ese ente que nos hace desear algo que tarde o temprano debe cumplirse.

martes, 9 de noviembre de 2010

El molino, el viejo y la gallina

Un día me tocó visitar un molino situado en un municipio de Mallorca cuyo nombre no quiero recordar. Imaginar su función original suponía un ejercicio mental considerable, y sólo podía percibir su glorioso pasado cerrando los ojos y reconstruyendo en mi cerebro todos los elementos que antaño ornamentaban aquella torre blanquecina y destartalada.
Alrededor del molino se extendía un cercado, donde un anciano de rostro angelical y camisa sucia daba de comer a una gallina. Una sola gallina en aquella parcela. No es que fuera una gallina especial, más bien el bichejo parecía de lo más común, de tono parduzco y cresta rojiza. El hombre, encorvado, extendía la palma de su mano repleta de grano, y la gallina picaba frenética e indiferente, con los ojos inmóviles y sin cacarear. La mimaba como si se tratara de una persona especial. Quizás se trataba de la mítica y fabulosa gallina de los huevos de oro. El ave no dejaba de picotear e ingerir sin respirar aquellos granitos de trigo, meneando la barbilla con gracia.
–Come preciosa –le animaba el hombre.
Al cerciorarse de mi presencia el viejo se volvió hacia mí.
–¡Buenos días! –saludé.
–¡Hola! –me respondió y encogió los hombros –¿Cree usted que el Papa aceptará esto?